Capítulo 4 ¡Es el esposo de mi cuñada!

—Lamento la demora.

Mi piel se eriza cuando esa voz tan atractiva y... ¿Conocida?...

«No puede ser posible».

—¡Amigo! —mi novio se levanta tan alegre como pocas veces lo he visto, escucho como chocan las manos y me quedo congelada— ¿Cómo has estado? Hace tiempo que no nos vemos.

—He estado bien, Brian.

—Cierto, lo había olvidado. Cariño, ven, déjame presentarte a mi mejor amigo y cuñado —Brian me ayuda a levantarme.

Entonces noto que mi mala suerte sigue, el mejor amigo de mi novio, su cuñado, es... Christopher Miller, mi nuevo jefe. 

—Chris, esta es mi novia, Marissa Harper —Brian me mira— Rissa, él es Christopher Miller.

Christopher me mira con intensidad, como si se estuviera dando cuenta que yo fuí la que abrió la puerta mientras estaba follando... a alguien que no era su esposa.

«¡Está casado!»

—Mi esposo y director de MC —Brea aparece colgando de un brazo— ¿Te ha impresionado? Las mujeres como yo, conseguimos hombres como él.

—Lo siento, solo me he quedado impactada porque es mi nuevo jefe —murmuro no convencida, bajando la mirada.

«Me está intimidando»

—Si lo es —ríe Brian— Por eso cuando mencionaste que tú nuevo jefe era un tremendo idiota, me he reído.

«Por favor, que no haya dicho eso»

—¿Idiota? —pregunta tan suave, que me ha dado miedo— Lamento haberte dado esa impresión, creí que tendrías otra imagen sobre mí.

Las piernas me tiemblan de la vergüenza, Brea me mira con expectativa, no le ha agradado que piense eso de su esposo.

—Lo siento —me disculpo apresurada— Será mejor que cenemos, ya hemos esperado mucho.

—Y eso es culpa de tú idiota jefe —se burla Brian de nuevo— Siéntate, tengo mucho que contarte, hace tanto que no nos hemos visto.

«Ahora sí, mañana me va a despedir»

Brian no deja que la mesa caiga en silencio, la cena continua normal, pero no... su mirada de metal se queda en mis varios segundos cada que me ve.

¿Lo estoy imaginando? ¿Está planeando como me va a despedir?

—¿Tú novia es así de callada siempre? —pregunta mi jefe— En el trabajo también suele ser habladora.

—Es que Rissa no quiere incomodar a Brea —Brian me aprieta la pierna— Está cansada, me ha dicho que le pusiste demasiado trabajo esta semana.

Levanto la mirada con el poco orgullo que me queda, encontrando de nuevo con sus penetrantes ojos grises;

—Qué raro, solo han trabajado esta semana los empleados que ganan más de lo que merecen —responde con simpleza— ¿Es usted así, señorita Harper?

—Lo dudo, mi trabajo vale cada centavo que me pagan, nunca pierdo el tiempo, a menos que me pidan ir a otras áreas a ver "mamadas", como coloquialmente se dice —me aclaro la garganta.

Brian y Brea me miran con los ojos abiertos de sorpresa.

—Te dije que era mala idea estar con una mujer de esta clase —Brea me responde molesta— ¡Nadie te quiere en nuestra familia!

—Solo ha usado una palabra coloquial, Brea, no seas exagerada —Brian me toma de la barbilla para mirarlo— ¿Verdad que no volverás a usar palabras altisonantes, cariño?

La comida me ha caído mal, siento el coraje atorado en mi garganta. Tomó un sorbo de agua de manantial antes de responder.

—Me disculpo, me voy a asegurar de no volver a cenar con personas como ustedes.

Me levanto de la mesa, rogando no tropezar con mis propios pies, siento la mirada de los tres es mí.

—¡Rissa, espera!

(...)

Lunes de nuevo, entro al edificio con el único objetivo de estar en mi laboratorio todo el día, esconderme de todos, no estoy de buen humor.

Planeo evitar a toda costa al señor Miller después de la humillante cena del viernes. Las puertas del elevador se abren y me respiró hondo;

—Buen día señor Miller —saludo con una sonrisa fingida entrando al elevador.

Cuando las puertas se cierran, siento que el elevador se hizo más pequeño. El calor aumenta, sé la razón exacta.

«¿Por qué tiene que mirarme de esa forma? ¿Cómo si quisiera...»

—No toleraré que vuelva a insultarme, así sea la novia de Brian o no —la gruesa voz de mi jefe hace eco en el pequeño espacio.

Me asusto cuando siento su mano en mi hombre... tan pesada...

—No me des la espalda cuanto te estoy hablando, Marissa, normalmente follo cuando alguna mujer lo hace.

Su comentario me hace abrir los ojos con sorpresa, no puedo creer su descaro.

—Está casado —digo mirándolo a la cara— y soy la novia de su mejor amigo.

—Eso dígaselo usted misma, que no deja de comerme con la mirada desde la primera vez que me vio.

Las puertas se abren justo donde yo debo salir. Mi pulso está acelerado, estoy enojada por aquel comentario...

«Me gustó que me hablara así»

—¡Buen día, Rissa!

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