Capítulo 6 No hay favoritismo
El señor Miller le ha puesto seguro a la puerta.
¿Por qué está latiendo tan rápido mi corazón por esa acción? Siento mi pulso en el cuello. ¿Es posible notar desde esa distancia?
—Es bueno saber que sigue trabajando, señorita Harper —su voz resuena en todo el laboratorio, tan gruesa y sexy como la recordaba. ¿Por qué dios le dio esa voz a este hombre?
—Si, señor. Estoy cerca de acabar —le informo— le enviaré le informe tan pronto como lo tenga.
—Perfecto, no debería necesitar decirlo, pero lo haré —El señor Miller se acerca y presiona el botón rojo en mi teléfono que está sobre la barra, colgando la llamada de Brian— No porque sea la novia de Brian, tendré una especie de favoritismo con usted.
Vuelvo a respirar profundo, rogando por más paciencia;
—Eso lo tengo claro señor.
—No puede irse hasta que esto esté terminado, Harper. No quiero empleados mediocres aquí. ¿Lo ha entendido?
Sentada en una silla alta, el señor Miller se acerca y aún así, debo mirar hacía arriba. Su cercanía me deja intrigada. ¿Por qué lo hace? ¿Lo hace a propósito?
—Lo entiendo señor, no planeaba irme hasta terminar.
El señor Miller se vuelve a alejar después de mantener su mirada en mí unos segundos más. Parece irse, recorre el laboratorio con su fría mirada, pero se detiene en la puerta cuando la abre:
—No quiero llamadas en el laboratorio, eso puede contaminar las pruebas. Pensé que era más inteligente, Harper.
Vuelvo a respirar cuando pienso que se ha ido, pero mi corazón vuelve a bombear cuando veo que, frente a la puerta de cristal, ha colocado una silla cómoda, donde se sienta y… comienza a observarme.
Mi teléfono vuelve a sonar, sé que es Brian, pero bajo su mirada, no puedo ni responderle.
—Se le ha pasado el tiempo con la muestra cinco —habla lentamente desde su cómodo asiento.
—Ha contaminado la muestra tres, que incompetente.
—Espero que sea la primera vez que trabaja sola, si no, con estos errores, deja mucha que desear.
—Eso pasa porque contratan caras bonitas en vez de gente que sirva.
Todos los comentarios que salen de esa sexy boca son comentarios negativos e hirientes, pero creo que esa es su forma de hablar, casi nunca salen palabras alentadoras de él.
—¿Señor, no tiene cosas más importantes que hacer? —pregunto cuando vuelve a hablarme para decir cosas hirientes.
—¿Lo preguntas? Definitivamente eres una tonta.
Dos horas… Dos horas de aguantar a mi odioso jefe.
(…)
Cuando pongo un pie fuera del edificio, siento que he dejado atrás el dolor de espalda que tuve todo el día. La noche ha llegado a la ciudad. Cuando escucho pasos y veo a mi jefe salir, mi odio vuelve a aparecer.
“No es odio, es atracción”
No, no pienses cosas como esas de nuevo. Eso está mal, tengo novio, un novio atento, cariñoso y que me ama sobre todas las cosas.
—¡Marissa, Chris!
La voz de Brian me hace detenerme, Chris alza la mirada a mi lado, luego me mira de reojo, lo sé porque mi piel reacciona cada vez que me observa. Debe mirarme con demasiado odio.
—¿Por qué no respondiste mis llamadas, Marissa?
—N… —No me dejó responder, cuando lanzó muchas preguntas a su amigo.
—¿Estaba con Daniel, cierto? Deberías despedirlo, ese hombre solo está allí para quitarme a Marissa, de seguro por su culpa no pudo responderme el teléfono, ella siempre lo hace, solo un idiota como él pudo hacer eso.
—Estaba trabajando —responde secamente— Sola, ha dejado que se le junte el trabajo, no vuelvas a meterme en tus enredos amorosos, Brian.
Una sonrisa aparece en mi cara cuando me doy cuenta que Brian ha llamado idiota a mi jefe, parece que el mal humor se ha ido.
—Lo siento, lo siento, es que me colgaste de repente. Juro que escuché la voz de un hombre justo antes de que me colgaras, pero ya no respondiste. ¿Por qué?
—Mi jefe me pidió que no respondiera llamadas para no contaminar las muestras.
El señor Miller me observa, esperando a que diga su nombre, pero no lo digo. ¿Por qué? No tengo la menor idea.
—Como sea, he venido a pedirte perdón por lo de la cena. Todos aquí sabemos que Brea exagera todo. ¿Cierto?
—Ni me la menciones —responde el señor Miller sin interés.
—Ella te espera todos los días en casa con la cena, Chris. Deberías darte una vuelta, sé que si lo intentan serán una hermosa familia.
El señor Miller no responde, parece impaciente por irse.
—Debo irme —el señor Miller no alcanza a dar el paso, cuando Brian lo toma del brazo para detener su huida.
—Quería hablar contigo, Chris. Eres el único al que le puedo pedir esto…
—¿Qué?
El señor Miller parece estar cansado de las tonterías de su mejor amigo, ya estoy dudando que realmente lo sean.
—Cuida de Rissa por tres meses —finaliza Brian.
