Capítulo 2 La pasante

Arlene se cayó de la cama, era curioso que a una mujer que ya estaba a tan solo un escalón de pisar los 30 le ocurrieran ese tipo de accidentes, pero la situación lo ameritaba. No había podido dormir debidamente la noche anterior, los nervios no se lo habían permitido, ni tampoco la emoción de haber sido elegida para ser la pasante de secretaria en una empresa de renombre, pero a su mejor amiga, Julie, no le sorprendía en lo absoluto.

Ella había dado lo mejor de sí los últimos cuatro años, no solo había conseguido un empleo al llegar a Dublín, sino también había iniciado la universidad nocturna y el esfuerzo finalmente había dado sus frutos.

Por sus excelentes notas, había conseguido un lugar en la empresa W. Enterteiment que era la empresa del momento debido a plataforma de streaming gratuito que había comenzado a operar dos años atrás y la cual no solo era la más famosa de Irlanda, sino también de varias partes del mundo.

Arlene había competido por el puesto y lo había ganado limpiamente, esperaba que ese año como pasante le brindara la experiencia para poder añadir ese puesto a su currículo o incluso le permitieran trabajar una vez que se graduara, aunque realizar eso último, estaba por verse, ya que Arlene aún debían algunos meses de colegiatura, así que sabía que tendría problemas una vez que necesitara su título universitario para validar esos años de sufrimiento.

Arlene se cayó de la cama, porque las sábanas se le habían enredado en las piernas y después de dar vueltas toda la noche no era para menos, pero incluso después de recibir un duro golpe sobre las rodillas, se dijo a sí misma que eso no podía afectarla, estaba de tan buen humor que quiso ignorar esas señales que la vida le estaba dando de que algo malo estaba por ocurrir.

Después de ponerse un conjunto de falda y chaqueta negra, junto con una camisa blanca y zapatos de tacón que hacían juego, desayuno una barra de cereal y un vaso con leche de soja, puesto que había descubierto el año anterior que era intolerante a la lactosa.

Por supuesto no se molestó en despertar a Julie, quien tenía mucho que ver en que la eligieran para ocupar el puesto porque ella le había insistido en que enviara la solicitud cuando Arlene se lo había comentado. Después de su divorcio, su amiga Julie se había vuelto como una figura maternal para ella y aun después de acompañarla en ese trago amargo, seguía preocupándose por ella más como una madre a una hija que de amiga a amiga.

Por lo tanto, Julie merecía descansar más tiempo, así que salió sin decirle nada. El día estaba bastante iluminado, no parecía haber ninguna nube a donde sea que mirara, incluso en su camino se topó con publicidad de la plataforma para la que trabajaría y prestaría sus servicios en el área de mercadeo y ventas, pero se sentía tan realizada que ni siquiera observo a detalle esa publicidad que aparecía en todas partes, en los autobuses, en carteles de publicidad, en pantallas en las grandes avenidas o incluso en el mismo transporte que ella ocupó para trasladarse a la oficina en su primer día de trabajo y si bien, no recibiría ninguna paga, estaba feliz de trabajar para una empresa tan prestigiosa como esa, puesto que cuatro años atrás no se imaginaba que tendría una carrera universitaria a punto de culminar y mucho menos que trabajaría en un sitio tan importante como ese. Dentro de sí misma, intuía que valía la pena.

Tardo veinte minutos en poder llegar a una lujosa construcción que tenía una enorme letras W a mitad del edificio. Caminó con orgullo al bajar del autobús y mostró su identificación al entrar al vestíbulo del sitio, ver su nombre junto a esa W le hacía sentir importante, aunque lo que realmente haría en ese sitio sería hacer llamadas a los usuarios inscritos para realizar encuestas y con ellas, hacer un conteo de la satisfacción del cliente.

Su trabajo era muy simple e incluso algo estúpido, ya que ella también contaba con el servicio de la plataforma y sabia que muchas veces se realizaban encuestas a los usuarios para conocer qué tipo de servicio era el mejor en cuanto a las novedades que la aplicación actualizaba cada semana, encuestas que eran en realidad tediosas y molestas, pero aun así estaba dispuesta a importunar a cuantos fuese para poder hacer su trabajo y tener un buen rendimiento.

Al entrar al ascensor escucho a algunos de los empleados hablar sobre la llegada del jefe, al parecer este había tenido de salir de viaje a Londres una semana, aunque las dos personas que estaban hablando del dueño y señor del lugar tenían opiniones variadas de lo que el jefe, es decir, el fundador y Ceo de la empresa había estado haciendo tanto tiempo lejos de casa.

Arlene escucho decir que el jefe había salido de viaje con su novia, ya que esta era inglesa y no solo eso, también trabajaba para la empresa, pero en la filial de Londres, por lo que había aprovechado el tiempo para visitarla y con esa palabra se habían referido al sexo.

Por supuesto, Arlene sintió curiosidad por saber qué tipo de hombre era el jefe de la empresa, aunque lo más probable era que fuese un mujeriego como lo eran la mayoría de los tipos ricos o al menos así siempre se desarrollaban las telenovelas que veía a las ocho de la noche.

Arlene se hubiese puesto a fantasear sobre ese tema de no ser porque el par de hombres continuaron hablando, pero ya no de la novia del jefe, sino más bien de su exesposa. Escucho al par de sujetos hablando por lo bajo de que el jefe había ido a visitar a su exesposa y si bien no habían tenido hijos que los vincularan, ella tenía problemas médicos y mentales, por lo que el jefe se hacía cargo de ella.

Por poco, Arlene soltaba una carcajada al escuchar esa sarta de mentiras y estaba segura de ello, puesto que era imposible que un hombre se hiciera cargo de su exesposa a no ser que quisiera quedar bien con la sociedad, así que descarto esos rumores absurdos y se quedó con la primera versión, que el jefe se había ido a disfrutar de un tiempo a solas con su nueva conquista.

Desgraciadamente, ella ya no pudo seguir escuchando lo que esos hombres discutían entre susurros porque debia bajar en el piso donde se le había proporcionado un pequeño cubículo donde, por lo general, se encontraban los pasantes de diferentes universidades. Cuando llego a la oficina con el número 56-A descubrió que la oficina donde trabajaría era un gran espacio donde tendría que convivir con un, sin número de personas, pero eso no le preocupo en lo absoluto, Arlene había aprendido a trabajar en equipo en la universidad, algo que su exesposo seguramente no tenía ni idea de que era, pero luego de un momento, Arlene se regañó a sí misma.

No era el momento de recordar a ese hombre e incluso soltó una pequeña risa. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había pensado en ese hombre, aunque por lo general, solía suceder cuando estaba ebria, por ello, no le gustaba tomar, porque sabia que todo el dolor y la angustia que había retenido en ese tiempo, salía a relucir en esos momentos que debían ser de ocio y alegría.

Luego de entrar a la oficina, una mujer de apariencia pulcra y elegante se acercó hacia Arlene al no reconocerla.

—¿Puedo ayudarte en algo?—cuestiono aquella mujer que portaba una chaqueta ligera de color blanco, una falda roja y un par de zapatos de tacón del mismo color, su maquillaje era bonito y simple, no necesitaba nada más para realzar su belleza, pero a pesar de que aquella mujer se había mostrado amable, se notaba algo inquieta.

—Mi nombre es Arlene Doyle y...

—¿La pasante?—cuestiono ella, sin siquiera presentarse— ¿Ahora?

Arlene alzo ambas cejas, algo confundida, creyendo que tal vez se había equivocado de hora, día o incluso de oficina, puesto que su presencia no era precisamente grata, pero después de meditarlo, intuyo que tal vez así era ese ambiente laboral, uno que tendría que soportar con paciencia si es que deseaba terminar su pasantía.

—En la oficina de contratación me dijeron que tenía que venir hoy—explico Arlene creyendo que tal vez aquella mujer no había recibido la información, pero enseguida supo que no era así.

—Claro, no te preocupes, es solo que no esperaba que fueras tan puntual— explico la mujer con una sonrisa un tanto forzada, puesto que tenía muchas cosas que hacer, pero antes de eso, quería ir al vestíbulo para recibir al jefe como los demás jefes de departamentos lo harían, por voluntad propia, aunque claro tenía mucho que ver la ambición y la soberbia— por favor sígueme.

Ambas caminaron hacia el fondo de la oficina, hacia un par de cubículos en donde los escritorios rebosaban de carpetas y trabajo pendiente. Arlene se asombró de ver todo eso al borde de caer, no entendía por qué ese lugar estaba de esa forma.

—Por favor, una disculpa— expreso aquella mujer que, Arlene sospecho, era la jefa del sitio, porque nadie más se había atrevido a hacerle caso— el trabajo se ha acumulado y los pasantes hacen lo que pueden, por ello hablamos a recursos humanos para que no brindaran ayuda.

—Claro— dijo Arlene forzada a hacerlo.

—Este será tu escritorio, puedes ponerte cómoda— expreso mientras buscaba entre todo el trabajo una carpeta negra con una gran W grabada en letras doradas, el logo por el cual se le reconocía a la plataforma— este es el manual del empleado, por favor sigue las reglas e instrucciones que hay en este documento para que puedas empezar a trabajar. Claro que si necesitas ayuda, no tengas pena de pedírmela a mí o a cualquier otro pasante. De hecho, la mayoría llega una hora después que la de los empleados.

—¿Ese es el horario para los pasantes?—cuestiono Arlene algo apenada por llegar tan temprano, pero su jefa negó con la cabeza.

—No, pero la mayoría no suele trabajar demás, para no aburrirse.

—Entiendo— expreso Arlene un poco decepcionada por la actitud de los demás pasantes que no veían en trabajar en ese lugar como una oportunidad para el ambiente laboral real, porque estaba segura que ningun jefe que se respetara hubiese permitido que un empleado dejara juntar tanto trabajo y mucho menos que su escritorio se viera de esa forma.

—Mi nombre es Laia, pero todos me conocen como señorita Quinn—expreso ella con cierto orgullo, puesto que en esa oficina, todo el mundo la consideraba como la mejor jefa de casi todos los departamentos, pero no porque fuese buena en su trabajo, sino porque la señorita Quinn, no era tan estricta y desquiciada cuando se trataba de trabajo.

—Yo soy Arlene Doyle, mucho gusto— tuvo que volver a presentarse suponiendo que aquella mujer no lograria recordar su nombre en el primer dia.

La señorita Quinn, finalmente se dio la vuelta y camino por el pasillo con prisa hasta su propio escritorio, donde habia dejado su telefono movil. Desde ahi, hablaba con los demas jefes de departamentos, si alguien ya tenia en cuenta a que hora llegaria el jefe, pero ninguno habia dado pista alguna del paradero del jefe.

Arlene tomo la carpeta y se dispuso a trabajar conforme lo que leia en aquel breve informe. Se suponia que todas las carpetas que estaban sobre el escritorio, eran informes de trafico de datos de la aplicacion, eran bastante numeros que los demas pasantes no solian decifrar, al menos no a la primera, pero Arlene sabia que era todo eso. Lo habia visto muchas veces cuando estuvo casada, el trabajo no era dificol ni tedioso, pero si era bastante largo cuando se trataba de recopilar numeros, asi que una vez que termino de leer el instructivo de trabajo, se puso manos a la obra.

—Arlene—dijo la señorita Quinn, algo inquieta. Habia recibido un mensaje muy importante, al menos para ella.

—Si, digame— expreso ella levantandose de su lugar, dejando las carpetas en su sitio, aunque por poco y se caian.

—Podrias ir al vestibulo y checar si ves el auto del CEO.

Arlene permanecio callada un par de segundos mientras trataba de buscar las palabras indicadas para decirle que ella desconocia quien era el CEO y claro, que ni siquiera sabia como era su auto.

—Claro— respondio en tono nervioso. No se atrevio a decirle que no, porque no lo creyo adecuado, era su primer dia y queria dar la mejor impresion, asi que rodeo el escritorio y camino fuera de la oficina para cumplir su orden, solo que no sabia como es que lo lograria.

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