Capítulo 5 Masaje
Ya había caído la noche cuando Jay se levantó de su sitio, aquel lugar era como el trono que el mismo habia tallado con su esfuerzo. Habían sido cuatro años difíciles, en los que incluso había tenido que padecer hambre para poder tener éxito en su proyecto, pero al final todo había valido la pena.
Ahora miraba luces de neón a la distancia, luces de empresas multinacionales e internacionales con las que competía e incluso trabajaba codo a codo. También se podía observar las montañas y la luna, un inusual paisaje nocturno que combinaba lo urbano con lo natural. Ese era un lugar que alguna vez había imaginado compartir con... ella.
Jay cerro su puño derecho y apretó la mandíbula al recordar aquella extraña visión que había tenido aquella mañana. La mejor palabra que podía describir lo que había pasado era un encuentro con lo paranormal. Eso debia ser, porque de lo contrario, no había una razón para haber visto el fantasma de su ex-esposa. ¿Por qué estaba ahí, precisamente en su empresa? ¿Acaso se había enterado de que él se habia vuelto millonario? ¿Acaso estaba acosándolo para obtener dinero de su parte?
—¿Disfrutando de la vista, señor Winter?— escucho una voz femenina detrás de él, al volver la mirada, relajo los músculos de su rostro al darse cuenta de que no muy lejos de él, se encontraba Grace, la hija de uno de sus socios e inversionistas. Su familia había sido quien había impulsado su proyecto para convertir el entretenimiento en un servicio accesible para todo el mundo. Su padre era el inversionista mayoritario de su empresa, por lo que debia haber un representante de él en su empresa y ese representante era su hija Grace Capmbell.
No cabía la menor duda de que le atraía Grace, porque no solamente era una rica heredera, sino que también era terriblemente hermosa y sexi. Sabia como silenciar una habitación únicamente con su presencia, era ingeniosa e inteligente así como tierna y encantadora. Muchas personas, sobre todo sus allegados y algunos socios solian hacer comentarios para emparejarlos, pero la verdad era que él nunca se había atrevido a nada precisamente por su padre. Graham Capmbell era un hombre de temer y no quería que mal interpretara la relación con su hija, como si él quisiera aprovecharse de esa relación para que la asociación se convirtiera en algo más familiar y, por lo tanto, ya no se vería tan forzado arenovar su contrato de acuerdos comerciales.
Si bien, estaba interesado en Grace, realmente quería evitar cualquier tipo de mal entendido con su familia y claro, ella tampoco le había dado ningún tipo de señal como para que él pudiera acercarse a ella con tal libertad.
—Cuando conoci a tu padre y vi el ventanal de su oficina, supe que queria uno asi cuando cumpliera mi sueño.
Grace se acerco a él para darle un masaje sobre los hombros. Jay no pudo evitar cerrar los ojos para disfrutar de la sensacion que brindaban sus dedos, pero mas que nada su tacto. Sin embargo, mientras su mente trataba de ya no pensar en nada mas que la presencia de Grace, el rostro de Arlene volvio a su cabeza como si en vez de estar recibiendo un relajante masaje, alguien le hubiera arrojado un balde de agua fria en el cuerpo.
Jay, volvio a tensarse y se aparto de las manos de Grace para volver a su escritorio a terminar de firmar algunos documentos. Se sento sobre su silla mientras aflojaba con una mano el nudo de su corbata.
—¿Que te pasa Jay?—pregunto Grace con el ceño ligeramente fruncido mientras su figura delgada avanzaba hacia el asiento vacio frente al escritorio. Conocia muy bien a Jay Winter, habia estado con él los ultimos tres años como representante de su padre y durante todo ese tiempo jamas habia visto a Jay asi.
Grace estaba al tanto de las finanzas y negocios de la empresa, asi que sabia perfectamente que no era nada relacionado con el trabajo.
—Solo...—se quedo un mometo en silencio— estoy cansado por el viaje, pero tenia algunos asuntos pendientes que queria solucionar.
—¿Te tomaras algunos dias libres?—cuestiono Grace con una sonrisa mientras buscaba en su carpeta unos documentos que Jay necesitaba revisar.—estuviste fuera una semana, creo que los mereces.
—Si...—dijo Jay con cierto tono de duda, su mente volvio a traicionarlo al recodar el rostro de Arlene, un rostro de angel, pero con un corazon de demonio. Queria descansar, pero sabia que su mente no lo dejaria en paz si no averiguaba que estaba haciendo esa mujer en su empresa—queria hacerlo, pero tengo una junta mañana para la planificacion de la nueva intefaz de la aplicacion.
Grace dudo por un momento, pero el hombre frente a él era Jay Winter, no cualquier imbecil. Él era el tipo de hombre que podia pasar horas revisando codigos junto con los ingenieros de sistema, él rara vez bebia y no tenia ninguna novia, aunque si habia rumores con algunas mujeres con las que habia pasado mucho tiempo, pero mas que por deseo habia sido por trabajo, ella era testigo de ello.
Grace estaba enamorada de ese hombre, era atractivo, adinerado, comprometido y respetuoso. Justo el tipo de hombre que queria tener a su lado, pero habia un pequeño problema.
Todas esas cualidades, eran los muros que le impedian a Jay tener cerca a alguna mujer que pretendia seducirlo, incluso Grace. Ella no era timida, pero con Jay era diferente, con él sus tecnicas de seduccion era ignoradas, los perfumes caros o los vestidos cortos era nada para él. Nadie ahi sabia que Jay tenia el corazon roto y que por ese motivo ignoraba a las mujeres, porque aun no lograba superar el vacio que Arlene habia dejado en su corazon.
—Mi hermano regresa el fin de semana—expreso Grace captando la atencion de Jay—vamos a hacerle una fiesta de bienvenida. ¿Te gustaria venir?
—Por supuesto—dijo Jay, ignorando que esa era una excusa para que Grace pudiera verlo mas alla del trabajo — el idiota no ha respondido mis llamadas. Parece que viajar por el mundo es mucho mas interesante que responder una llamada a su mejor amigo.
—El tonto perdio su telefono en algun lado, dijo que ya lo reporto, pero decidio adelantar su regreso, parece que se aburrio de explorar tailandia—se burlo Grace esperando que Jay pudiera seguirle el juego, como siempre, pero su él apenas sonrio, algo le estaba pasando.
