Capítulo 72.

El pasillo hacia el basurero era siempre igual: silencioso, húmedo, ligeramente apestoso y, lo más importante, jamás vigilado a menos que nos tocara limpiarlo. Eso significaba que nadie debía estar allí ahora. Y efectivamente, estaba completamente desierto.

Perfecto.

O perfecto a medias. Porque t...

Inicia sesión y continúa leyendo