Capítulo 52

Sophia tenía que admitirlo: la situación la había dejado completamente alterada.

Pasaba apenas la medianoche y el pasillo estaba totalmente silencioso. Esa mano pertenecía claramente a un hombre y, aunque no fuera nada sobrenatural, bastaba para que ella, una mujer sola, diera un brinco del susto.

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