Capítulo 6 Capítulo 6.

Narrador Omnisciente.

.

—¿Qué tiene que ver una marca tonta a que nos puedan matar? —le cuestiona Zarya cerrando los dedos en el anillo de la hoja filosa que carga consigo.

—No evadas. Contesta. —el pensamiento tiene falencias, pero no puede descartar nada cuando sabe lo sigiloso que puede ser el engaño.

Lo ha visto tantas veces que una vez más no es de sorprender. Aunque…

—¿Discutimos eso, mi comandante? —la rusa alza la mirada, sus pestañas se mueven como un hechizo creado para destruir mentalidades fuertes y para el comandante no es la excepción.

—Deja de hacer eso. —presiona su cuello.

—¿Hacer qué cosa? —se ríe sin dejar de verlo. —Lo único que quiero es que me deje respirar porque me está ahogando.

Su pecho se mueve con tanta fuerza que el aroma que desprende su piel lo hace apretar la mandíbula.

¿Qué demonios tiene esa mujer para hacerlo trastabillar?

—Puedo dispararle en la cabeza. —le avisa Damien a su hermana con el ojo puesto en el hombre que sostiene a su hermana. Podría enterrarle un tiro entre ceja y ceja y nadie se enteraría que fue él. —Puedo volar su asqueroso cerebro.

—Me atacaron hace unos años. —recordar eso no le gustaba a Zarya, pero tuvo que hacerlo. —Una compañera de la escuela me amarró junto a sus amigos, me amordazaron y colocaron el hierro que estaba en las brasas en el estómago. —no había mentira en ello. El comandante pudo ver como a ella se le cristalizaron los ojos.

Mientras Zarya no puede evitar evocar a aquella niña que fue drogada años antes. No podía olvidar a la niña que ilusionada asistió a una fiesta, pero que en pocos minutos le demostraron que los amigos no existen.

—¿Cómo sucedió? —Debía ser muy creíble para dejarla ir y podía reconocer mentiras con solo ver los ojos de alguien.

Zarya lo intuyó, por lo que asquerosamente tiene que describir plenamente lo sucedido, mientras Damien le repite que le va a disparar al comandante. Como último recurso ella niega, siendo su hermano quien maldice su pedido al oírla rememorando todo.

“Tomando su rostro hasta oír un quejido de dolor Zarya pudo ver quien la sostenía, las uñas se encajaron en su mandíbula y forcejeando para salir de su agarre fue lastimada con mayor fuerza. Uno de los tipos borrachos le dio un beso en la frente y le guiñó un ojo con burla.

—Quién lo diría —lamió la mejilla dejando el aliento a alcohol impregnado en la piel de Zarya, mientras ella contenía la arcada. —Te coges a tu hermano y a su amigo mientras que a mí no me das ni la hora.

—¿De qué hablas? ¡Aléjate! —en lugar de hacer caso a su pedido se dispuso a frotar su entrepierna en su rostro. Ella se apartó, prefiriendo caer de espaldas que tenerlo cerca. —Si me sueltas no le diré a nadie. Ni siquiera entiendo qué es esto, pero te puedo asegurar que es mejor que nadie más lo sepa.

__ ¿Porque no te conviene que se sepa que enredas a Damien para que se acueste contigo? —reclamó Laurence enojada haciendo notar su presencia. Zarya no tuvo la oportunidad de responder cuando ella continuó. —¡Lo embrujaste maldita zorra! Solo eres una serpiente que le dio su veneno para que cayera en tu cama.

—No, esperen —reír era lo único que pudo hacer, intentado buscarle humor a lo que escuchó en medio del nerviosismo que la tomó. —¿De dónde sacaron eso? No es verdad. Es asqueroso que siquiera lo piensen. ¡Es mi gemelo!

Explicó tratando de convencerlos de la realidad, pero Laurence negó, segura de lo que en su cabeza tenía sentido para explicar porqué no le llamaba la atención a Damien.

—Por eso, ¡Es enfermo que lo hagas! —espetó la hija del militar con furia. Cegada por sus celos al verla muy unida a su hermano, aquel que no le presta atención a nadie más.

Llegando a sacar conclusiones tontas del porqué sucedía tal cosa.

—¡También lo hicistes con Markov! —añadió su amiga. —¡Te aprovechas que está enamorado de tí y lo llevas a esa enfermiza relación! ¡Eres asquerosa! —el bofetón que le soltó la hizo caer de nuevo al voltear su cara y dejando un hormigueo en la mejilla.

Zarya abrió los ojos sin saber de dónde se les había ocurrido tal cosa. Con su pulso acelerado activando el dispositivo que tenía en su cuello, el cual envió señal del descontrol en su sistema.

—¡No es así! ¡Escuchen! Eso no es verdad. —su piel aún ardía, pero deseó que alguien llegara por ella. Markov. Damien. Cualquiera. —No sé qué enfermo les dijo eso pero juro por mi papá que no es verdad. ¡Se los juro!

—Toda una serpiente. —dijo Laurence acercando el metal caliente. —¡Sosténganla! Que no se mueva.

—¡No! —se aterrorizó la rusa. —¡Detente! ¡Laurence, por favor! —peleó inútilmente, pues entre los tres la forzaron a tocar el frío suelo. Dos haciéndose cargo de sus manos, otro de sus piernas, mientras ella negó tratando de negarse a lo que sucedía.

Eso no era verdad. No lo era.

Pero repetirlo no la hizo librarse del dolor que cubrió hasta la última de sus células cuando el hierro ardiendo tocó su piel. Quemando de tal manera que su grito desgarró sus cuerdas vocales y garganta cuando lo alejaron, empeorando el nivel de dolor cuando sucedió.

Se retorció y luchó por levantarse, pero el ardor no la dejó y solo pudo percibir cómo su abdomen estaba experimentando un dolor que muchas veces escuchó era la forma de marcar a las mujeres en la mafia.

Pero ella no tenía el deber de hacerlo. Aunque sí lo estaban haciendo.

Apretando los dientes dejó de gritar comenzando a soltar sus lágrimas que no dejaron de salir unas tras otras a medida que todos se alejaban de ella.

Cada molécula en su cuerpo conoció el dolor en su máximo esplendor. La quemadura, la humillación y la impotencia gritaron y se burlaron en su oído con cientos de cosas que la hicieron negar.

Quería que su papá llegara por ella. Que su mamá le dijera que solo fue una pesadilla y que al abrir los ojos solo fuese un mal recuerdo. Pero no fue así.

—Damien. —murmuró deseando que la mitad de su corazón fuera por ella y la rescatara de ese terrible escenario. —Damien

—¿Que hacemos ahora? —preguntó uno de ellos hacia la orquestadora de tal plan.

—Lo que quieran, de todas maneras es experta en eso. —la sugerencia heló su sangre por completo, comenzando a negarse a pasar por eso. Su lucha inició de nuevo pero era imposible soltar la soga, la tela de la blusa rozando la quemadura estaba lastimando más y ella solo mencionaba el nombre de su padre.

Pataleando los alejó a la vez que tiró de una mano para...

La puerta fue abierta de un golpe violento cuando un hombre que reconoció perfectamente cruzó el umbral. Su alivio llegó y su llanto le ganó, poniendo a arder los ojos del sujeto que la encontró. Alguien fiel a los Mikhailov y que se vio fallando en su juramento de protegerlos.

Empujó a los que cubrían su camino, lanzando a todos al suelo sin importar nada para tomarla en brazos al verla tan lastimada. Los ojos azules pesaban demasiado para permanecer consciente y por ello en cuanto se pudo sentir un gramo de seguridad su cuerpo colapsó.”

—¿Eso quería escuchar, comandante? —su nariz ardía de rabia al solo recordar a quienes marcaron su piel. El agarre de Bennett fue haciéndose más suave. No estaba mintiendo. —¿Le basta eso o también quiere escuchar como mi padre y mi hermano se hicieron cargo de hacerlos pagar? Porque esa parte si la relato con gusto. Hicieron justicia.

—Lo la…Creí que era otra cosa. —se justifica para alejarse del todo. Pudo ver cuanto se lastimó evocando todo y no quiere ver lágrimas en nadie.

Ha visto mujeres, niños y todo tipo de personas llorando, pero algo causa que en ella no quiera ver eso. Tal vez repulsión al llanto o…

—Lo voy a matar. —declara Damien con el dedo puesto en el gatillo, mientras sólo espera que autorice la muerte del comandante.

—No, no es así. —ella se aleja limpiando su nariz por instinto. —O espero que no sea así porque desconozco qué es lo que busca en verdad.

—A una asesina. —la hace girarse. —Pero cuando la encuentre voy a meterla en el put0 infierno.

—Suerte con eso. —contesta la rusa seriamente. Él no entiende su cambio de actitud, pero puede notarlo por mucho que ella crea que no. —De seguro ella también piensa lo mismo.

Salen del callejón en direcciones contrarias; ella se va por un costado y Bennett agarra el otro subiendo a su auto.

Zarya aborda a la camioneta de Damien, el cual observa su mirada brillante.

—¿Segura que estás bien? —cuestiona y ella asiente mintiendo para no extender el tema. —Lo voy a matar. No debía preguntar por qué de nada.

—No importa. Solo sácame de aquí y no volvamos al tema de nuevo. —su mellizo acepta, pues lo que menos quiere es hacerla hablar de algo que aunque superó, no puede olvidar.

Se fija en el frente por un segundo y respira tratando de olvidar algo que lo molesta, pero al ver a la hija del ministro entre la multitud eso regresa. Desprecia por completo a esa chiquilla caprichosa. Como jamás imaginó hacerlo con alguien.

Sabe que lo mismo piensa Briana Jones de él. Ambos tienen esa rivalidad desde que se conocieron y seguirá hasta que uno de los dos se canse.

“Nadie besa a un desconocido frente a su novio” piensa cuando la ve alejarse, a la vez que evoca como la rubia hizo eso exactamente días antes en un restaurante, donde además de besarlo de forma imprevista, le arañó la cara.

No es más que una niña consentida de quien se desquitó esa noche al dejarla humillarse como ella lo humilló antes, se dijo, ignorando su imagen por completo, antes de arrancar su vehículo para sacar a su hermana de ahí.

Sea como sea que haya terminado la noche, ninguno de los cuatro podrá olvidarla. No por los sucesos o los muertos sino porque empezó algo que no podrán detener.

.

Nota: Esta historia estará narrada desde varios puntos de vista y los capítulos serán diarios de tres o más al día. Prácticamente en maratones.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo