Capítulo 4 Buscando empleo
La morena chupaba y succionaba su polla con fuerza, si continuaba chupándole la polla de esa manera se iba a correr otra vez.
—Sigue, no te detengas —masculla jalando el cabello de ella con fuerza.
Hasta que sintió que iba a explotar, cuando el semen estuvo a punto de salir de su polla, Jorge lo retiro de la boca de la morena y termino por derramarlo en su rostro y parte de la boca.
Ella dejo la boca abierta intentando tragarse parte del semen de su jefe.
Él apretó su pene para exprimir las últimas gotas sobre el rostro de ella.
—¡Que buena cogida! —masculla alejándose de ella.
—Fue buena idea venir hasta tu casa, en la oficina no lo hubiéramos podido hacer así.
—Ya debes regresar, yo todavía no puedo hacerlo. Tengo que esperar a la estúpida hermana de mi esposa.
—Que lastima, y yo que quería repetir.
Jorge la ve por el rabillo del ojo, se ponía una diminuta braga de encaje negro. Hace mucho que mantenía sexo con su secretaria, desde que descubrió que podía ponerle los cuernos a Eliza sin que lo descubriera no lo pensó dos veces para cogerse a su secretaria.
Sabía que ella babeaba por él, se le notaba cada vez que le servía el café o le llevaba cualquier mierda a la oficina. En la forma que se inclinaba y le mostraba ese enorme culo que se gastaba, le ponía la sangre a mil.
Mucho que había respetado a su esposa, pero cuando salió embarazada el sexo se acabó. Eliza se volvió aburrida para él, por eso busco en otros lados. Pero esa morena no era la única que tenía en la mira, la del servicio era otra que deseaba follarse.
Mientras que su mujer no lo descubra, todo iría bien.
—Vete a la oficina, más tarde paso por allá.
—¿Y volveremos a repetirlo? —le dice ella con la sonrisa maliciosa.
—Claro que lo vamos a repetir —sonrió de medio lado.
Eso le gustaba de esa mujer, era una maldita pervertida que le gustaba jugar con fuego. Siempre quería que se la estuviera follando, donde fuese, era una adicta al sexo. Y como a él le negaban el sexo en casa, no le quedaba de otra que buscar en la calle.
—Entonces, te espero—ella besa sus labios y se dirige hasta la puerta.
Jorge niega y mira la cama de su cuarto, el condón en el suelo, el semen regado por todos lados. Era la parte negativa de follar con la amante en la casa, tener que limpiar el maldito desastre.
[…]
Eliza cuelga la llamada y mira la hora en su reloj, su hermana Catrina debió de llegar hace rato, le extrañaba que aún no la hubiese llamado. Y eso que le dejo el número de su oficina.
De los nervios, pegaba el lapicero contra el escritorio. Luego recuerda que ahora tendría a su hermana más cerca, era un alivio que no tuviera que vivir tan lejos. Ahora que se mudaba definitivo a los Ángeles, ambas podían hacer muchas cosas juntas.
Lo mejor de todo es que conocería a su única sobrina, la vería crecer y por otro lado tendría mucha ayuda a la hora de cuando diera a luz. Ya que Jorge se la pasaba trabajando todo el tiempo y llegaba tardísimo a la casa.
Por suerte su hermana accedió a quedarse en su casa mientras se estabilizaba y se mudaba, eso sería una ventaja para ella, para no estar sola… pero tendría que ayudarla a encontrar un empleo.
Conocía muy bien a Catrina, esa no se iba a estar quieta en casa sin hacer nada. Seguramente, iba dispuesta a llegar buscando cualquier clase de empleo.
