Capítulo 41 SOY SUYA, SEÑOR

—Con una condición, ángel—, empezó, con la cabeza ahora entre mis piernas, respirando contra mi cuerpo, pero sin tocarme. Sus labios se curvaron en una sonrisa oscura mientras sus ojos marrones estudiaban mi cara roja como un tomate.— Si te atreves a quitarme los ojos de encima, se acabó.

Puedo sen...

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