Capítulo 3

El intenso dolor abdominal hizo que la vista de Scarlett se nublara mientras un sudor frío le empapaba la espalda al instante.

Se deslizó lentamente por la barandilla helada hasta sentarse en el suelo, cada respiración le provocaba un dolor agudo.

Justo cuando pensó que se desmayaría en esa desierta noche de invierno, un auto se detuvo lentamente junto a ella. La ventanilla se bajó y la voz suave de una mujer de mediana edad preguntó:

—Señorita, ¿está bien? ¿Necesita que la lleve al hospital?

Scarlett usó sus últimas fuerzas para asentir.

Hospital de la Ciudad, Departamento de Emergencias.

Tras una serie de exámenes, el médico miró a Scarlett con expresión grave.

—Son signos de una amenaza de aborto en etapa temprana. Tiene que ser hospitalizada de inmediato.

La mente de Scarlett quedó en blanco, e instintivamente preguntó:

—¿Qué?

—Tiene seis semanas de embarazo. ¿No lo sabía? —el médico frunció el ceño—. La inestabilidad emocional en las primeras etapas del embarazo es muy peligrosa. En su estado, el bebé está en riesgo.

Estaba embarazada.

Un hijo… el hijo de ella y de Thaddeus.

Scarlett se quedó sola en el frío pasillo del hospital.

Miraba sin enfocar el informe de la ecografía que tenía en la mano, sus dedos siguiendo con suavidad el pequeño contorno que representaba una nueva vida formándose en su interior.

El destino le había jugado una broma cruel.

Había llegado en el peor momento posible. Justo cuando había decidido cortar con todo, liberarse de esta tortura llamada “matrimonio”, aparecía.

¿Debía tenerlo? ¿Cómo podría traer al mundo a este hijo en una familia donde no había amor ni respeto?

¿Debía renunciar a él? Pero era una vida inocente, una parte de ella.

De pie en el concurrido pasillo, el corazón de Scarlett se rompía en pedazos como nunca antes. Aquel delgado informe de ecografía la había sentenciado a asumir la responsabilidad por otra vida.

Finalmente caminó hacia el departamento de hospitalización. De cualquier modo, necesitaba tiempo y un lugar tranquilo para decidir el destino de ese niño.

Pero el destino parecía no querer darle ni un respiro.

Justo cuando Scarlett dobló hacia el pasillo de hospitalización, una figura familiar la hizo detenerse en seco.

Thaddeus estaba acompañando a Lavinia frente a un consultorio quirúrgico, aparentemente esperando que un médico le vendara la muñeca.

La primera reacción de Scarlett fue retroceder y esconderse.

No quería que la vieran en un estado tan vulnerable.

Pero era demasiado tarde.

Los ojos agudos de Lavinia ya habían visto a Scarlett.

Se acercó con aire despreocupado, el rostro mostrando una expresión de preocupación.

—Scarlett, ¿tú también estás en el hospital? ¿También te lastimaste en casa hace un rato?

Al oír esto, Thaddeus soltó una risa desdeñosa.

—¿Scarlett? ¿Cómo podría lastimarse ella? Empujarte al suelo y salir ilesa, ¿no es ésa su especialidad?

—¿Qué pasa, hacerle daño a Lavinia no fue suficiente? ¿Tenías que seguirla hasta el hospital para ver el resultado de lo que hiciste?

Su tono estaba cargado de burla y repulsión sin disimulo.

Ante la inmediata acusación de Thaddeus, Scarlett escondió instintivamente el informe de embarazo detrás de la espalda.

No sabía por qué lo hacía.

Quizá por instinto maternal, no quería que esa vida recién formada en su vientre quedara expuesta a la mirada despreciativa de él.

—Estoy bien —dijo, intentando pasar junto a ellos. Lo único que quería ahora era irse rápido.

Pero Lavinia, aparentemente ignorando la resistencia de Scarlett, se movió para sostenerla, tropezando hacia adelante con un grito de sorpresa mientras caía directamente sobre Scarlett.

—¡Scarlett, cuidado!

Scarlett retrocedió instintivamente, tratando de evitarla. ¡Pero Lavinia chocó de lleno contra ella!

Una fuerza poderosa dejó el brazo de Scarlett entumecido. Involuntariamente aflojó el agarre, y el informe se le escurrió de los dedos sin control, flotando hasta el suelo.

Antes de que Scarlett pudiera agacharse para recogerlo, un zapato blanco de tacón ya había pisado el papel.

Lavinia se agachó y recogió el informe.

Al ver el diagnóstico, las pupilas de Lavinia se contrajeron bruscamente, ¡llamas de celos casi estallando desde el fondo de sus ojos!

¿Scarlett estaba embarazada?

De inmediato, el rostro de Lavinia mostró una expresión exagerada de sorpresa y dolor.

Alzó la vista, fingiendo asombro mientras gritaba:

—¿Scarlett, estás embarazada?

Esto consiguió que Thaddeus se detuviera en seco.

Lavinia apretaba el papel con fuerza, mirando a Scarlett con incredulidad y angustia.

—Scarlett, ¿cómo pudiste hacer esto? ¡Aunque hayas encontrado un amante, no deberías desquitarte con Thaddeus!

Thaddeus arrancó el informe de la mano de Lavinia, y su mirada cayó sobre las palabras: “6 semanas de embarazo”.

¡Una oleada de furia por la traición arrasó en un instante con toda su racionalidad!

Pensó en su matrimonio: dormitorios separados, distanciados desde hacía casi medio año.

Thaddeus agarró la esbelta muñeca de Scarlett con tanta fuerza que casi le trituró los huesos.

Con los ojos inyectados de sangre, la miró fijamente, cada palabra pareciendo desgarrarse desde lo más hondo de su garganta.

—¿De quién es ese hijo?

Aterrada por la reacción de Thaddeus, Scarlett sintió un dolor intenso en la muñeca, pero aun así negó con la cabeza desesperadamente, las lágrimas por fin desbordándose.

—¡Es tuyo! ¡Thaddeus, el bebé es tuyo!

—¿Mío? —Thaddeus reaccionó como si acabara de escuchar el chiste más grande de su vida. Habló con una voz llena de furia y sarcasmo—. Scarlett, ¿me crees un idiota?

—¡No! —sollozó Scarlett, negando con la cabeza y explicando desesperada—. Es tu hijo… de hace más de un mes, la noche de tu cumpleaños, cuando estabas borracho… ¿no te acuerdas?

Esa noche.

Vagos fragmentos destellaron en la mente de Thaddeus. Sí parecía haber regresado al dormitorio principal.

Al ver el destello de duda en su rostro, una chispa de esperanza se encendió en el corazón de Scarlett.

Cerca de ellos, Lavinia derramaba lágrimas, aparentando mediar, pero en realidad echando leña al fuego con cada frase.

—Thaddeus, no seas así. Tal vez Scarlett tenga sus motivos. No la asustes.

Hizo una pausa.

—Después de todo, últimamente has estado conmigo por lo de la rueda de prensa.

Esa frase fue la gota que colmó el vaso, rompiendo el último hilo de racionalidad de Thaddeus.

Soltó su mano con violencia, con tanta fuerza que Scarlett se tambaleó y se golpeó contra la fría pared detrás de ella.

—No me importa de qué amante sea este bastardo —su voz era helada—. Te vas a deshacer de él, ahora mismo.

Scarlett protegió su abdomen, mirándolo a través del velo de lágrimas.

¡No! ¡Thaddeus! ¡Es tu hijo! ¿Matarías a tu propio hijo?

Thaddeus se quedó mirando ese gesto de protección sobre su vientre y lo encontró insoportablemente ofensivo.

Ese no era su hijo.

¡Era la mayor humillación de su vida!

Sacó su teléfono y llamó a su guardaespaldas.

—Envía a dos hombres aquí arriba para llevar a Scarlett a la sala VIP del último piso. Que la vigilen.

Se detuvo, y su fría mirada barrió el rostro pálido de Scarlett.

—Avisen al obstetra. Mañana a primera hora, programen un aborto.

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