Capítulo 5 5
Mateo:
Suspiro una vez más, odio esta sensación, el vacío en el que se ha convertido mi vida.
— No deberías sentirte culpable Maca, fui yo quien se equivocó, te obligue a estar conmigo, me aproveche de tu necesidad, quise llenar un vacío en mí y termine haciendo un lio aun mayor, además que te quise obligar a abortar y mejor dejo de hablar o patearas mi culo. — veo asombro en su mirada, creó que nunca me sincere tanto con ella y es que ¿cómo hacerlo? lo reconozco, me cuesta disculparme, me cuesta asumir mis errores y Macarena es el mayor error en mi vida, decido correr mi vista de su escrutinio y es cuando veo a Elizabeth morder su labio, nos está viendo, está ansiosa, pero ¿por qué? ¿Qué le preocupa? Si tan solo pudiera volver el tiempo atrás y no perderla de vista, si tan solo pudiera estar con ella y ser amado, quizás el dolor y peso en mi pecho no sería tal.
— Estas llorando. — el asombro de Maca me hace girar y al tocar mi mejilla descubro que es así, tengo una puta lagrima corriendo en mi mejilla, sé que fui egoísta en usar a Macarena, y luego lo animal que me comporte, pero todo era por Elizabeth, trataba de llenar un vacío que poco a poco me estaba matando, pero solo conseguí que Macarena me odiara y luego mi hijo.
— Debe ser que tengo cansada la vista. — jamás podría confesar lo mucho que me afecta que mi hijo me odie. La puerta se abre de repente y Elizabeth me ve aturdida y luego con enfado a Macarena.
— ¿Qué sucede aquí? — inquiere con voz exigente y el asombro debe ser notable en mi rostro ya que Elizabeth se remueve contrariada. — Perdón, digo… ¿Necesita algo señor Mateo? — a ti, cuantas veces lo tengo que decir, te necesito a ti a mi lado, por siempre.
— Nada, no pasa nada Elizabeth, solo tengo cansada la vista. — y tal vez el corazón y porque no el alma.
— En ese caso permítame cerrar un poco las cortinas y le traeré unas gotas para los ojos, y baje el brillo en su computador por favor, ¿desea que le pida un turno al oculista? quizás…
— Estoy bien Eli. — no puedo evitar que mi labio se mueva medio centímetro hacia arriba, lo máximo que cualquier persona vera de mi sonrisa y solo es por ella y su preocupación en mí, me reconforta, así de patético soy, el gran Mateo Zabet, se conforma con un poco de su atención. — No te preocupes, puedes ir a casa, luces cansada y estoy seguro de que tus hijos se alegraran que no te tenga hasta tarde trabajando. — huye Elizabeth, corre al refugio de tu hogar, dame un motivo por el cual no te secuestre y te lleve conmigo así sea a la fuerza, porque ni mi alma y mucho menos mi corazón soporta cuando tú te preocupas por mí.
