Capítulo 6 6

— Bien, como diga, hasta mañana señor Mateo, que pase buena noche, trate de descansar su vista y … hasta luego señora. — dice con cierto recelo hacia Macarena que la ve sorprendida, Dios, estas latinas no saben disimular sus emociones, la observo, como estos últimos tres años, me pierdo en el bamboleo de su trasero, y suspiro sin poder evitarlo, la anhelo, siempre lo hice.

— Dios mío, ¡es ella! — me congelo, mi respiración queda atascada al ver el rostro de asombro de Macarena, me atrapo, ella lo sabe.

— No sé de qué hablas… — trato de salirme por la tangente.

— Es ella a quien nombrabas cuando...

— ¿Qué?

— Tú la llamabas Mateo, cada vez que estabas conmigo, le pedias que no te dejara, las veces que dormimos juntos me llamabas Elizabeth. — me descubrió, Macarena me descubrió, estoy jodido.

— No me alcanzara la vida para arrepentirme de lo que te hice. — juego la maldita carta de la culpa, que en parte es cierta, pero que ahora me servirá para que esta latina se olvide de todo y no le diga nada a mi madre que tengo a Elizabeth a solo unos pasos de mi o todo se saldrá de control.

— Mateo, yo ya te perdoné, hace mucho y sé que Baltazar lo hará…

— Baltazar. — dejo salir un suspiro aún más pesado, mi hijo es tan terco e idiota como yo, de tal palo, tal astilla, al menos eso dicen. — Lo buscare, no te preocupes Macarena, él podrá no reconocerme como padre, pero es mi hijo, yo lo encontrare.

Como cada día que dejo la empresa, conduzco hasta el hogar de Elizabeth, solo para ver la fachada de la casa y soñar con lo que ella pueda estar haciendo dentro, me siento como un maldito acosador, y es que lo soy, retomo el camino a mi mansión cuando las luces de su hogar se apagan, y es que hay una diferencia entre mi mansión y su hogar, y es eso, ella tiene un hogar, me repito una y mil veces, es mi mantra, la frase que me obliga a seguir cada día lejos de ella, no podría destruir su hogar, aunque este muriendo de amor, ella no me lo perdonaría y mis padres tampoco.

Quizás no sepan quien demonios soy, bien, se los explicare, soy Mateo Zabet, uno de los quintillizos que los medios de comunicación denominaron los niños dorados, aunque ahora de niño no tengo nada, creo que nacer en una familia como la mía te garantiza que los periodistas te seguirán, que la gente hable de ti y lo afortunado que eres al ser millonario, estupideces como esas, aunque es verdad que nací en cuna de oro y sonajeros de diamantes y es que mi padre fue el magnate más grande de joyas, Diamon aún se mantiene en la cabeza de la industria de joyería y diamantes, pero ahora es manejada por mi hermano mayor Eros, mientras que la mayor de mis hermanas está feliz mente casada, Zafiro, es esposa de un mafioso ruso, esa es otra cosa que atrae la atención sobre nosotros, la mafia, los asesinos, sicarios y empresarios, así está constituida mi gran familia, tres de los quintillizos están casados, somos los menores, mientras que Stefano y yo aún estamos solos, lo que me recuerda que debo llamarlo.

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