Capítulo 224 Capítulo doscientos veinticuatro

Asiento lentamente con la cabeza.

—Sí, exacto —susurro, mirándolo de reojo—. ¿Por qué no me dijeron que su papá estaba en casa?

Raikin se encoge de hombros.

—Porque, bebé, estuviera aquí o no, eso igual iba a pasar.

—Sí, bebé. Cuando te queremos, te queremos en ese momento. No nos importa quién ...

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