Capítulo 50 Capítulo cincuenta

Llevo las rodillas al pecho y las abrazo con fuerza. Es algo que hago desde niña para tranquilizarme.

—Soy tan estúpida.

Reece me aparta un mechón de pelo de la cara y me acaricia la mejilla con el pulgar.

—No eres estúpida, nena. No tiene absolutamente nada de estúpido querer una verdadera Navidad...

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