11. Segundo beso

Edwin continuó caminando hacia la casa, y Aneska siguió al hombre sin decir nada más.

Tan pronto como Aneska entró, Edwin cerró la puerta. Su mirada afilada estaba fija en la chica.

—¿No puedes evitar hacer esa pregunta? —dijo Edwin fríamente.

Aneska lo miró confundida.

—¿No ves lo feliz que est...

Inicia sesión y continúa leyendo