34. Acerca de muchas cosas secretas

Los ojos de Aneska se abrieron completamente y miraron a Edwin, quien había girado su rostro alejándolo de ella.

—Buenos días —dijo Edwin a modo de saludo.

—¿Qué estás haciendo ahora? —preguntó Aneska mientras se tocaba los labios.

—Beso de buenos días —respondió Edwin brevemente y con ligereza.

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