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—¿Cómo pudo ser?— murmuró Aneska.

Edwin no dijo nada, pero Aneska se estremeció porque la mano de Edwin la apretaba demasiado fuerte en el brazo. Aneska dirigió su mirada a Edwin, quien la miraba fijamente.

Aneska se quedó atónita al ver la ira que irradiaba de los ojos de Edwin. ¿Qué le pasa a es...

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