Capítulo 22 El santuario de la bestia

ANTONELLA

​El trayecto en el coche de Marco transcurre en un silencio sepulcral, roto únicamente por el zumbido constante del motor y el sonido de mis propias respiraciones irregulares. Todavía tengo los hombros encogidos, las manos frías y el eco de las palabras de Antuan repiqueteando en mi cabez...

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