Capítulo 7 La urgencia del veneno

ANTONELLA

​—¡Maldito prepotente de mierda! —siseo en cuanto la puerta de cristal del edificio se cierra tras de mí.

​Me paso el dorso de la mano por el cuello con furia. Todavía siento el calor de sus dedos en mi barbilla.

​Miro la pantalla de mi teléfono. Cuatro llamadas perdidas de la farmacia ...

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