Capítulo 4 Capítulo 4

—Viviana Munguía Silva —el oírla decir mi nombre completo solo activó una alarma de pánico en mi cerebro—. Eres la única hija de tus padres —se me vino a la cabeza mi hermano, aquel que vivía como humano normal y el renegado de la familia, del que nadie hablaba—. Nacida durante una luna de sangre, sobreviviente a un parto alargado, tu linaje está intacto.

Sí, claro. La luna de sangre era una mierda, un simple evento natural, mis padres comentaron que era una bendición y una maldición, pues durante la luna de sangre todos los místicos podían cruzar al plano terrenal sin importar la raza. Sus habilidades decrecían considerablemente, pero seguían siendo peligrosos y más si se trataba de las ocho razas a la vez.

Cuando nací, mi madre fue acechada por una bruja que quería robarme y fue atacada por un guerrero monstruo además de dos lobos durante el trabajo de parto, mi hermano la defendió. Fue fuerte, todo un guerrero, había que concedérselo, pues fue hasta que salió el primer rayo de sol del día que nací cuando los peligros habían terminado.

—Esa soy yo.

—Hay un escrito —dijo sin inmutarse—. Un pasaje antiguo escrito de manera anónima que explica la llegada de la luz, el término de la noche oscura. El fin de los místicos y la llegada de la paz —me mantuve ecuánime, escuchando atenta—. Habla del Montero Celestial, un montero nacido durante una luna de sangre y con la capacidad de liderarnos.

Jamás escuché sobre el Montero Celestial, pero sonaba casi como un mesías. Y yo no podía serlo... ¿Cierto? Solo era yo. Viviana.

—¿Creen que soy yo?

—Debes serlo —la mujer se acercó y acarició mi rostro—. Todo el mito habla de ti, se refiere a ti. Eres quien nos conducirá a la guerra por el día eterno.

Alguien en el consejo se aclaró la garganta y se puso de pie.

—"A la edad de veinte años, se alzará radiante como el sol y fuerte como el huracán Montero Celestial. Nacido durante luna de sangre y sobreviviendo a cada obstáculo, crecerá digno de liderar a los monteros y conducirlos a la guerra por el día eterno. Indomable como el viento, osado como el mar, portará el báculo de Estordes y beberá sangre del cáliz de hielo cuyo brillo lo elegirá y se alzará como el líder de los monteros".

El báculo de Estordes se trataba de un báculo hecho de madera con incrustaciones de cobre y un diamante adornando el extremo curvo. Esa cosa era un mito, supuestamente un montero antiguo logró robarlo de los dragones y lo usó para vencer a sus enemigos. Sin embargo, al morir, lo escondió en un lugar que solo él conocía y que solo alguien digno lo podría encontrar.

En cambio, el cáliz de hielo era muy conocido. Adornaba la cámara de los trofeos, era la atracción principal. Un cáliz tan hermoso que podría contener en su interior cualquier bebida así estuviera hirviendo y no se derretiría.

Era un panorama alentador... Excepto por la parte de beber sangre. No tenía ganas de beber sangre, eso era de vampiros, de brujas, de dragones.

—Pero hay muchos nacidos en luna de sangre, no pude ser la única.

La mujer me miró profundamente, casi leyendo mi mente.

—Eres la única.

—¿Y por qué me lo dicen desde ahora? —inquirí, curiosa—. Apenas tengo dieciséis.

—Porque debes prepararte, serás la elegida, en tus hombros recae la victoria y la salvación de millones.

Al mismo tiempo, todos entonaron una profunda melodía, un cántico ancestral que se metió por mis poros y provocó una emoción como nunca en mi interior. Era especial, era la elegida. Nací del sufrimiento y de la fuerza, del sacrificio y del dolor, nací bajo la luz de la luna de sangre y todos confiaban en mí.

En aquel entonces no era la mejor, ni siquiera sobresaliente, pero me esforzaría, lo haría, me volvería tan hábil, que me haría merecedora del título de Montera Celestial. Era el centro de todo, a la que venerarían y la que nos conduciría al día eterno.

Ese día se me quedó grabado en la cabeza y por muchos años jamás lo olvidaría. Era Viviana Munguía Silva, Montera Celestial.

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