Capítulo 7 Capítulo 7
Cuatro años antes
La primera vez que bebí fue a los dieciocho años, mis padres salieron de viaje con el argumento de que era un viaje de trabajo, pero tanto Lucas como yo supimos que no era más que la fachada, ellos querían ir a fornicar con toda libertad, así que tendríamos tres días de casa sola para disfrutar.
Tanto él como yo siempre fuimos catalogados como buenos niños, pues si no estábamos entrenando, estábamos en la escuela. Los monteros, tuviésemos la edad que tuviésemos, siempre estábamos ocupados con la doble vida. Ni siquiera podíamos salir con monteros de nuestra edad porque nuestras agendas solían estar llenas.
Pero en el momento que mis padres anunciaron que se irían, pusimos manos a la obra.
Después de varios años de cacería, es normal estrechar lazos, sobre todo cuando se viven experiencias de muerte. Y yo tenía dos amigos monteros: Ariana y Josué. Y todos coincidimos en que la fiesta debía ser todo un evento. Ellos eran los invitados de honor que también invitaron a gente que conocían y yo algunas personas de la universidad híbrida.
Lucas también había invitado a varios de sus conocidos, gente que en mi vida había visto. Ambos tratábamos de mantener nuestras vidas separadas, aunque sí sabíamos ciertas cosas del otro porque vivíamos bajo el mismo techo. Varias veces lo caché escabulléndose por la ventana y él varias veces me vio escapándome para cumplir con los proyectos escolares.
Tenía que admitir que varios de sus amigos eran de muy buen ver pero, aun así, Lucas opacaba a todos.
Las que me causaron conflicto fueron sus amigas. No era normal sentirme menos junto a ellas, pero dios, se veían tan guapas que me sentía una vagabunda a su lado. Trataba de apaciguar mis inseguridades pensando que ellas serían bellísimas, pero no serían Montero Celestial ni se imaginaban que yo, la chica a la que apenas voltearías a ver, luchaba cada fase lunar para evitar que los místicos hicieran de las suyas.
—Oye, Vi —Lucas me llamó—. Recuerda que, si nos hablan, debemos ir al ático a contestar.
Asentí. Dudaba que mis padres nos hablaran, pero más valía tener un plan de escape. Además de mi hermano, Lucas era el único que tenía permitido llamarme Vi. Sentía el apodo tan íntimo, que solo gente especial podía usarlo. No mis padres, no los monteros, no mis amigos.
—Uy, qué emoción —Josué revoloteó alrededor de Ariana y yo con su vaso en alto—. Hoy sí me voy a desconectar. De una vez les aviso.
Y para soldar su punto, dio un profundo trago a su bebida. Ariana y yo reímos.
—Dime que hoy al fin le dirás a Lucas que lo quieres —Ariana me miró seriamente, ella se la pasaba queriéndome convencer de confesar mis sentimientos.
—Que lo amo —di un trago—. Pero no, están sus amigos, lo voy a avergonzar. Y este no es el momento.
Estaba a nada de cumplir veintiún años, ya no era la adolescente inmadura que lo veía con mirada ensoñadora e imaginaba escenarios en los que ambos nos casábamos, teníamos un perro y éramos felices. Lo seguía queriendo tanto como al principio, pero ahora estaba más centrada en todo. Sabía que él ya había tenido ligues, que seguramente ya había tenido relaciones sexuales y que era más experimentado que yo en muchos sentidos. Estaba centrada en la realidad, sin embargo, me sentía idiota porque aún guardaba mi virginidad para él.
—Según tú nunca es el momento —Josué hizo un puchero, irritado—. Pero amiga, el momento es hoy, ahorita. Mañana podríamos morir.
Odiaba que sacaran esa excusa. Aunque sí era muy real.
—En realidad, ya lo estoy superando.
Ariana me miró burlonamente, no me creía. Y con razón porque estaba mintiendo.
—Si eso pasa, es porque el apocalipsis ya está aquí —rellenó mi vaso—. Mira Vivi, él ya lo sabe, solo irás a asegurárselo.
—¿Ya lo sabe? —abrí los ojos sorprendida.
—No estoy segura al cien, pero vamos, eres un poco muy obvia —se encogió de hombros, Josué asintió—. Solo dile una mentira tipo que has permanecido virgen por él o una mierda así y veremos qué tanto lo valora.
—No es mentira.
Ambos me miraron como si me hubiese crecido un cuerno.
—Oh, bueno —Ariana se ruborizó— ¿En serio eres virgen? —asentí, de pronto sintiéndome idiota—. Está bien, es tu cuerpo, tu decisión. No importa, solo dile lo que sientes y ya.
Asentí dándoles el avión, no estaba segura de confesarlo ese día. Tal vez el momento perfecto sería nunca.
La fiesta se volvió un caos, el alcohol corrió libre, las risas y la música se elevaron de volumen y en algún momento empecé a sentirme libre y ligera, desinhibida, invencible. Bailaba seductoramente con Ariana, Josué nos vitoreaba desde el sillón, él estaba el triple de ebrio que nosotras. Dos compañeros de la universidad ofrecían shot a quien quiera que se cruzara en su camino, unas cuantas personas más allá, Lucas reía con sus amigos. Se veía tan despreocupado, alivianado, sonreía como nunca. Se estaba divirtiendo.
En ese momento pensé que no existía ser humano en el mundo que yo pudiera amar además de él. Porque si no era él, no sería nadie. Habíamos coincidido con todo en contra, nos unió la tragedia y la sangre y ya era momento de que nos uniera algo más poderoso que eso, algo como el amor.
Y entonces una chica peinada con una coleta, ceñida en un vestido precioso color morado que le quedaba muy bien y sus tacones que realzaban sus piernas se acercó a Lucas de manera seductora.
Una punzada apareció en mi pecho. Sobre todo porque el inútil no la apartó, simplemente dejó que le bailara. Mis ojos escocieron, no tenía ningún derecho sobre él, era libre de estar con quien quisiera y hacer lo que se le diera en gana. Pero el pensamiento no aminoraba el dolor.
—Vivi, eres linda, eres la futura Montero Celestial y salvadora de la humanidad —Ariana me susurró al oído— ¿Vas a dejar que te lo quiten así?
Y culpé al alcohol, para siempre lo haría, pero supe que también era yo, mi parte rebelde, mi parte impulsiva y mi parte salvaje, pues dejé el círculo de baile y caminé a paso seguro hasta Lucas. En cuánto me vio, dejó de tocar a la chica y no aparté la mirada hasta que estuve frente a él. En esa mirada quise decirle que lo había esperado por mucho tiempo, que ya estaba cansada de siempre estar en segundo plano, que lo amaba y siempre lo haría.
Aparté a la chica de una forma que no creí se viera muy agresivo y sin detenerme a pensarlo, junté sus labios con los míos. Dada la diferencia de altura, tuve que ponerme de puntitas y eso fue apenas suficiente para rozar nuestros labios. Al principio fue muy extraño, ni él sabía lo que pasaba ni yo sabía lo que estaba haciendo, pero una vez que lo tomé de la camisa para acercarlo más a mí, él hizo su movimiento.
Me tomó de la cintura y me acercó a él, sus labios saborearon los míos y me sentí en el cielo.
