20. PERLAS ROSAS

Ver a Monic exhausta persiguiéndola conmovió el corazón de Crysta. No solo por Monic, su frente sudorosa también hizo que Crysta se acercara de nuevo a los columpios. Se sentó allí. Sosteniendo las grandes cuerdas a su derecha e izquierda con sus dos pequeñas manos. Dejando a Monic atrás.

—Empújame...

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