Capítulo 8 Propuesta inesperada y un plato de sopa.

―Supongo que puedo contar contigo para volver a casa.

Ethan sonrió aun sin ser capaz de hacerlo de una manera sincera.

―¿Por qué lo supones? ―me respondió con desparpajo.

―Porque creo que el hecho de que se hayan acabado tus esperanzas de cortejarme no es motivo suficiente para que abandones a una amiga embarazada en frente del hospital.

Ethan sonrió mientras me abría la puerta y me ayudaba a subir a su camioneta. Rodeó la camioneta y tomo su lugar al frente del volante. Entonces, antes de siquiera encender el motor del vehículo, giró su rostro y me miró. Por la cercanía que nos ocupaba en el espacio reducido de esa camioneta me vi en la obligación de mirarle, entonces descubrí en sus ojos el mismo brillo de antes, ahora aparentemente más vivo que nunca.

― ¿Qué te hace pensar que mis esperanzas se acabaron?

Aquella pregunta de Ethan solo la podía asumir desde la burla, por lo que en un primer momento intenté reírme creyendo que todo era parte de ese juego sínico con el cual intentábamos disipar la incomodidad, pero cuando descubrí en el rostro de Ethan aquella determinación que me decía que su afirmación era sincera, realmente comencé a preocuparme, no tanto por lo que decía sino por lo eso podía implicar.

― ¡Ethan por el amor de Dios! ¡Estoy embarazada de otro hombre! ―le recordé a pesar de que la noticia ambos la teníamos más que clara.

Pero Ethan negó enfáticamente con su cabeza mientras sonreía levemente nervioso, pero ahora sonriendo como no lo había hecho desde que lo encontré en la banca solitaria frente al hospital. Ethan encendió el motor después de escuchar mis palabras y piso el acelerador ocupándose en conducir para salir del hospital antes de proceder a responder mi planteamiento.

―Un hombre que ya no está contigo y que tú misma me has dicho que no quieres siquiera que se entere de tu embarazo, por lo que no veo por qué debería ser eso un problema para mí.

― ¡Pero tendré un hijo Ethan, un hijo del que no eres el padre!

― ¡¿Y quién dice que no puedo ser su padre?! ¿Acaso el padre es el que engendra? Porque mi concepto de padre es sobre aquel hombre capaz de amar, cuidar y criar a una criatura sin importar si es de su propia sangre.

―Si Ethan, entiendo, pero no es justo para ti…

Yo me encontraba sobresaltada por la determinación de Ethan que se obstinaba en afirmar que no había problema en aquello. Mi atención entonces se había fijado solamente en negar y poner trabas a las intenciones de Ethan, pero por un segundo me permití pensar en la diferencia que representaría el poder enfrentar todo aquello con una mano amiga a mi lado. Yo no estaba dispuesta ni lista para hablar de emociones ni sentimientos, pero fue el mismo Ethan el que me interrumpió para plantear esa situación.

―No se trata de lo que sea o lo que no sea justo para mí Emi… ni siquiera tiene que tratarse de lo de tu embarazo. Lo que yo quiero que hablemos es de sí, verdaderamente, existe alguna posibilidad de que tú me mires con ojos más allá de la amistad. Yo te prometo que para mí sería un honor poder darle mi apellido a ese niño y estar para ti y para él… yo estoy enamorado de ti Emi, siempre lo he estado y puede que esta no sea la manera en la que soñé que pasarían las cosas… pero quiero que sepas que siempre que en el final de mi historia puedas estar tú, eso será para mí un final feliz.

Las palabras de Ethan destilaban dulzura y sinceridad. Me sentía desbordada por ese corazón que se quedaba abierto de par en par ante mí con aquellas palabras que Ethan pronunciaba desde lo más profundo de su alma. Me sentía conmovida con su confesión, pero aún seguía estando mi alma demasiado adolorida como para por lo menos darle el beneficio de la duda a la propuesta de él.

―Lo siento Ethan, no sé qué decir… no me siento lista con todo esto. Son tantas cosas en las que tengo que pensar ahora mismo… David, el embarazo, el negocio.

―Piénsalo por lo menos Emi ―me pidió con ternura capaz de tocar la fibra de mi corazón―. Sé que cuando te des cuenta de que a mi lado tendrás todo el cariño de un hombre que te ama con locura sabrás que ese es tu lugar.

Sonreí mientras buscaba en mi interior alguna respuesta para darle, pero solo podía quedarme pensando en sus palabras mientras pensaba en mi embarazo y en como las implicaciones de ese pasado reciente aún seguían determinando mi futuro. Quise decir algo, pero en ese momento llegamos al frente de la casa de la familia de Ana. David esperaba en el porche y cuando vio la camioneta de Ethan, que no era el superdeportivo aquel que había cambiado por nuestra casa, pero que no dejaba de ser un vehículo llamativo, corrió hasta recibirnos en la acera.

―Está bien, lo pensaré solamente con una condición ― le dije antes de abrir la puerta. 

―La que sea, dímelo y puedes terne por seguro que lo haré ―exclamó Ethan con desenfreno y emoción.

Yo sonreí descubriendo que por sobre cualquier otra consideración, con Ethan podía sentirme cómoda siendo yo misma, pues él me había conocido desde toda la vida.

―Que te quedes a almorzar en casa.

Ethan se quedó confundido por mi propuesta; sin embargo, terminó asintiendo de manera enfática cuando entendió de qué se trataba todo. Para él era bastante alentador el hecho de saber que la chica de la que estaba enamorado le invitara a pasar a comer.

David me abrazó preguntándome de inmediato los pormenores de aquella visita al hospital. Yo estaba confundida y no había tenido tiempo suficiente de sopesar como afrontar esa situación con David, pero Ethan tomó el control. Él colocó su brazo en el hombro de mi hermano y comenzó a caminar a su lado hasta volver al porche.

―Lo que tu hermana quiere decirte es que de ahora en adelante debes prepararte para recibir a una persona muy especial… será una persona a quien debes cuidar y proteger y ni hablar de cuanto deberás amarle.

― ¡¿Quién es?! ¡¿Quién es?! ―escuché a David que le preguntó con curiosidad cuando yo miraba extasiada la forma en como ellos dos se compenetraban de manera tan cercana a pesar de que apenas se volvían a encontrar.

―Tu sobrino… tu hermana está esperando un hijo.

David explayó sus ojos de manera graciosa y de inmediato se volteó para verme. Yo sonreí con un poco de timidez, temerosa de que él pudiese interesarse en otro tipo de cuestiones, pero David solo corrió hacia mí y me abrazó con mucha emoción. Para él solo importaba el hecho de saber que nuestra familia estaba próxima a expandirse.

Mientras abrazaba a David estrechándolo contra mi pecho, pude abrir mis ojos y ver a Ethan, quien se había quedado de pie un par de pasos más adelante. Entonces le sonreí y en palabras casi inaudibles le dije:

―Gracias por esto.

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