Capítulo 9 Después de la tormenta

La mamá de Ana se alegró inmensamente cuando recibió la noticia de mi estado de gravidez.

El nombre del señor Cavill aún retumbaba sin importar nada. Yo estaba segura de que él iba a ser siempre el amor de mi vida, mi primer y último gran amor, pero de a poco comenzaba a procesar la idea de que con él solo podía verme en el pasado, para el presente y el futuro cada vez me parecía más necesaria la idea de contar en mi vida con gente que me ayudara a levantarme de mis escombros y tal vez Ethan podía ser una de esas personas.

―Solo le pido que no le diga nada a Ana, es que quiero contárselo yo misma ―le pedí cuando ella salió a despedirnos hasta el porche de su casa. Ella asintió y me aseguró su silencio haciendo el gesto de colocar un candado sobre su boca.

David y yo subimos a la camioneta de Ethan a pesar de que la mamá de Ana nos había ofrecido la posibilidad de poder quedarnos a comer en su casa, pero yo le había prometido a Ethan que cocinaría para nosotros y quería cumplir esa promesa.

Ethan accionó el motor y comenzamos a andar ocupando la mayor parte del trayecto en las preguntas que David le hacía a Ethan para saciar su curiosidad respecto al vehículo, pues una de las cosas con las que más soñaba mi hermano era con tener la edad necesaria para poder conducir.

Sentada con la cabeza recostada a la ventanilla, disfrutaba aquella conversación que mantenían mi hermano y mi amigo. Era algo gratificante poder ver a David tan emocionado y a Ethan tan dispuesto a responderle todo sin un mínimo de desprecio. Yo solo quería llegar para poder cocinarles algo rico, así definitivamente se debía sentir estar en una familia feliz

Llegamos en la casa y entramos a prisa. El frío ya se estaba dejando sentir de manera mucho más intensa por culpa de las nubes de tormenta que impedían el paso de los rayos del sol y anunciaban la proximidad de una lluvia inminente.

Ethan se mostraba un poco incómodo por la situación, pero David asumió el papel de anfitrión sobrado en experiencia para hacerle a Ethan mucho más llevadera la situación.

Solo entonces recordé un detalle bastante importante que había pasado por alto.

― ¡Ethan, las papas y los tomates!

Ethan soltó una carcajada al recalar en el hecho de que el objeto de las compras había quedado en el olvido en medio del desbarajuste que sobrevino después de mi desmayo de debilidad. Yo también sonreí, pero no podía sentirme tan tranquila, pues necesitaba de los vegetales para preparar el estofado que tenía planeado. Ethan, que me conocía como pocos, me dijo:

―La pizza siempre es una opción.

Yo sonreí asintiendo de manera divertida. Mi intención era la de poder preparar algo rico para complementar el agradable momento que se estaba respirando en nuestra casa con su presencia. David sonrió agradecido cuando escuchó la palabra pizza, lo que hizo que mi rabia estallara, entonces recordé que aún era una cocinera novata, como David me lo decía cuando se burlaba de mí, por lo que la opción de las pizzas era una excelente idea si es que no planeaba avergonzarme preparando algo que podía salir mal y tener que servírselo al invitado de ese día.

Entonces acepté la propuesta de las pizzas pidiendo un par para aprovechar y cenar de una vez.

En cuestión de quince minutos las pizzas olorosas y calientes inundaban la casa con su fragancia embriagante. David estalló de regocijo y saltó a comer, pero Ethan le pidió un momento, él nos pido comer en la mesa. David no le halló gracia al asunto, pues nosotros dos normalmente comíamos viendo la televisión o dispersos en la casa, pero aquello que Ethan proponía nos acercaba más a esa idea de familia que tanto anhelaba mi alma.

Sonreí agradecida y aunque no íbamos a comer una rica comida casera, por lo menos la íbamos a disfrutar en “familia”. Nos sentamos los tres alrededor de esa mesa de comedor de cuatro puestos que casi nunca usábamos. Entonces solo hizo falta un buen ánimo y un par de chistes para que la conversación durante la cena se convirtiera en un momento de disfrute y regocijo.

Aún estaba embarazada de un hombre al que no podía siquiera acercarme. Aún estaba sufriendo en mi corazón por la tracción y la distancia. Aún me sentía infeliz y vacía, pero de golpe comenzaba a descubrir que podía encontrar felicidad más allá de David. Quizás Ethan no podía darme la felicidad que yo realmente necesitaba, pero por lo menos era felicidad y en medio de mi dolor cualquier felicidad podía ser suficiente para darme esa medicina necesaria en mi agonía.

Mientras terminábamos de comer y caí la tarde, la tormenta comenzó a caer con bastante fuerza. David aprovechó para mostrar a Ethan un videojuego que le había comprado, mientras, yo me ocupé limpiando la cocina. Ethan se ofreció a ayudarme, obviamente para estar cerca de mí y procurar la respuesta de aquel tema pendiente, pero le dije que no se preocupara, que me hacía feliz ver a David tan feliz gracias a él y lo entendió.

La noche estaba próxima y la tormenta no cesaba, parecía que la situación podía extenderse más de la cuenta.

―Creo que tendré que irme ―le escuché decir llegando desde el corredor―, parece que la tormenta no tiene planes de menguar y no puedo arriesgarme a esperar que la noche caiga por completo… ¿Te parece si podemos terminar la conversación pendiente?

Yo había pasado más de una hora lavando los platos y acomodando todo el reguero mientras ellos habían jugado como un par de niños, pero ahora uno de esos niños había soltado el control para recordarme ese pendiente.

― ¿David donde está? ―le pregunté obviando momentáneamente, y de manera intencional, su pregunta.

―Me dijo que tenía algo de tarea, por lo que negocié con él para que la hiciera temprano antes de volver a jugar.

― ¡¿Y te hizo caso?! ―le pregunté con asombro.

―Si ¿Por qué?

―Porque casi nunca quiere hacer las tareas… ha sido realmente un calvario intentar que se adapte a todo esto de la escuela, que es algo nuevo para él.

―Bueno cero que es parte del proceso… a mí me ve como a un amigo, tal vez por eso aceptó cuando yo se lo dije.

―Puede ser―asentí, mientras reflexionaba aquella llamativa situación―… Muchas gracias por eso Ethan.

―No tienen nada que agradecer Emi… ¿Pero podemos volver a la conversación? Es que no quisiera pasar la tormenta en la vía.

― ¿Pero de verdad tienes que irte Ethan?... porque estaba pensando que tal vez podías pasar la noche aquí ―decir aquello fue mucho más difícil de lo que me hubiese podido imaginar. Aún dolía en gran parte de mi alma, pero otra parte de mí me decía que aquello era lo mejor―… así podríamos hablar con más calma.

Ethan me miró con una sonrisa que no le cabía en el rostro, entonces solamente pudo asentir con un brillo de esperanza que comenzado a resplandecer en su mirada.

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