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Ana
¡Maldita sea, ahora qué! ¿Qué hago ahora?
Con este hombre besándome así no puedo resistir. Esta boca me está volviendo loca, aunque diga que no va a intentar nada sé que no podré controlarme.
¡No tendré tanto autocontrol! Este hombre es un mundo y nunca he sentido algo así antes, ahora puedo entender lo que decía Karen, que cuando conociera al "Hombre" no podría decir que no y eso es lo que estoy a punto de hacer.
—Diego, me cuesta pensar con que me beses así.
—¡Entonces no pienses, Ana!
—¿No pienses, estás LOCO?
—Sí, loco por ti. Por tu boca, tu cuerpo, ¡por todo!
—¡Lo quiero!
—¿Qué quieres?
—Quiero, quiero...
Diego
¡Maldita mujer! Me está volviendo loco con su manera de ser, nunca he tenido que pedir estar con una mujer, todas se lanzan a mis pies y siempre que quiero una, la tengo en mi cama y luego ya no la quiero más, es algo momentáneo, un deseo pasajero, ¡pero no ella! Quiero y estoy teniendo que rogar por simples besos, lo que esta chica me está haciendo sentir es más, mucho más que deseo.
—Quiero —dijo y cuando estaba a punto de repetir, tomé sus labios de nuevo, sin darle oportunidad de arrepentirse y para su sorpresa la tomé en mis brazos haciéndola dar un pequeño grito de sorpresa, pero sin separar nuestras bocas me dirigí al ascensor que aún estaba en el garaje, sin sacarla de mis brazos tecleé el código con un poco de dificultad y rápidamente estoy con ella en mi ático, sin dejarla ir la llevé directamente a mi habitación, no quiero darle tiempo para pensar y arrepentirse y querer irse de nuevo.
La acosté en mi cama y la miré, admirando la belleza de la mujer que tengo frente a mí, lentamente me bajé y me senté, colocando sus pies en mi regazo, lentamente comencé a quitarle los zapatos, primero uno y planté besos en sus hermosos pies, luego el otro y repetí todo el proceso del primero, cuanto más aprecio más me doy cuenta de lo perfecta que es, y no puedo encontrar un defecto si quiero, subo besando por sus hermosas piernas, sé que prometí no intentar nada pero es más fuerte que yo, llego a sus muslos y continúo besando, ella me mira atentamente, llego a donde su vestido cubre y empiezo a subirlo mientras dejo un rastro de besos donde paso, salto su parte íntima porque no quiero asustarla, me arrodillo y le doy mi mano tirando de ella para que se siente, sosteniendo la barra del vestido lo subo exponiendo sus hermosos pechos, y agradezco a Dios que no esté usando sostén, de repente lleva sus manos a sus pechos cubriéndolos, no sé si por vergüenza o timidez, sin decir nada solo intercambiamos miradas que prometen mucho más que solo deseo en el crepúsculo de la noche, tomo sus labios pero esta vez ella me pide que pare.
—Diego, no me siento lista aún.
—¡Así me va a joder o me va a dejar jodido y frustrado!
—Está bien, Ana, lo prometí y cumpliré mi promesa.
Me quito la camisa que llevo puesta y se la pongo a ella, me quito las zapatillas y los pantalones y me acuesto tirando de ella hacia mis brazos, cerca de mí, sigo acariciando su cabello y pronto su respiración se vuelve ligera y me doy cuenta de que se durmió, le doy un beso en el cabello antes de quedarme dormido también.
Me despierto temprano con dolor de cabeza, creo que abusé de la bebida ayer, trato de abrir los ojos pero la luz no ayuda mucho, necesito levantarme y ni siquiera sé la hora, abro los ojos muy lentamente y me sobresalto al ver unos hermosos ojos grises mirándome como si fuera su plato favorito.
—¡Buenas tardes, dormilón!
—¿Dormilón? ¿Qué hora es?
—Las 13:00.
—¿Todo eso? ¡Dios mío, tengo que irme!
Me levanto apresurado y él me observa con una sonrisa traviesa en los labios.
—Tranquila, cariño.
—¿Qué tienes tan importante que hacer hoy?
Solo entonces me doy cuenta de que nada, hoy es sábado y solo empiezo a trabajar y estudiar el lunes. Sonrío y luego me sonrojo y respondo.
—¡Nada!
—Entonces, ¿por qué la prisa?
—No es prisa, es solo que Karen debe estar preocupada porque no he llamado. —Digo rápidamente para que no note mi vergüenza porque solo ahora mi mente está despertando, estoy en la casa de un hombre que conocí en un club y durmiendo con él, ¿hay algo más vergonzoso que esto?
—Si ese es el problema, puedes estar tranquila.
—¿Tranquila, por qué?
—Tu amiga llamó varias veces y terminé contestando tu celular y le dije que estabas durmiendo, porque te cansaste durante la noche, pero que estabas bien.
—Diego, hiciste insinuaciones que no existían, ahora ella pensará que dormí contigo.
—¿Y no dormiste en absoluto?
—Sí, pero no de la manera que ella está pensando ahora, ¡por tus insinuaciones!
—¿Mis insinuaciones? ¿Y qué crees que estaba pensando ella antes? ¿Algo diferente a eso?
—¡Está bien! No me quedaré aquí discutiendo contigo, ¿dónde está el baño? Necesito arreglarme y ¿puedes llamar un taxi mientras me preparo?
—Respondiendo a tu pregunta, señorita Bravinha, el baño es esa puerta de allí y en segundo lugar, no llamaré ningún taxi, te llevaré yo, ya que insistes tanto en irte y cuando termines estaré abajo esperándote.
Se va antes de que diga algo más, voy al baño para lavarme rápidamente y arreglarme el cabello porque parezco una leona con una melena enorme, lo ato en un moño desordenado y salgo del baño encontrando mis cosas en la cama. Salgo de la habitación y trato de recordar el camino, pero no es necesario, Diego está hablando con alguien, sigo su voz y pronto estoy en la cocina donde una chica morena habla con él, en cuanto me ven se detienen y me miran.
—¡Buenos días, señorita!
—¡Buenos días! —la saludé.
No sé por qué me miró de arriba abajo y puso una cara de disgusto, no sé, podría ser mi impresión, me sacan de mi momento de reflexión con una voz gruesa.
—¿Está todo bien, Ana?
—¿Te sientes bien?
—No, lo siento. Estaba distraída.
—¡Está bien! Siéntate, vamos a tomar un café.
Me siento junto a él y la chica que hace un momento me miraba con cara de disgusto empieza a servirnos.
Pido solo un vaso de jugo, tengo una resaca tremenda, eso es lo que pasa, nunca bebo, así que cuando lo hago termino bebiendo demasiado.
—¿No quieres nada de comer?
—No, gracias. ¡Mi estómago no se siente bien!
—¿Tu estómago o tu hígado?
—Tal vez ambos —respondo en el mismo tono.
—¿Entonces podemos irnos ya?
—Sí, vamos. Solo buscaré las llaves del coche.
Me deja allí de pie con la señora Simpatía.
—¿Eres la nueva conquista de Diego?
—¿Perdón? No, querida, solo soy una amiga.
—Amiga, ya veo. Serás solo una más, puedes estar segura de eso.
—¡Puedes estar segura de eso!
—Helena, puedes tomarte la tarde libre, no volveré para el almuerzo —dice Diego apareciendo de la nada en la cocina, cortando nuestra deliciosa conversación.
—Sí, señor.
—¿Vamos, Ana?
—Sí, me levanto, pero antes de darme la vuelta, me dirijo hacia Helena y digo— Querida, ¡fue un placer! Espero poder verla de nuevo —y me voy saludándola con la mano mientras ella me mira asombrada por lo que acabo de decir.
Vamos al garaje y Diego inmediatamente me pregunta.
—¿De qué hablaban tú y Helena?
—Cosas de mujeres, deja de ser curioso.
—Está bien, la persona que dijo eso ya no está aquí. —Y levanta los brazos en señal de rendición.
Incluso encuentro su gesto gracioso y empiezo a reír.
—Me gusta verte sonreír así, esa versión enojada de ti cuando te despertaste me da un poco de miedo.
—Nos conocemos apenas y ya me has mostrado varias versiones de ti.
—Ni siquiera me di cuenta de eso.
Seguimos todo el camino hablando de cosas sin mucha importancia.
