Treinta y uno

Raina negó con la cabeza, una pequeña sonrisa asomando en la comisura de su boca.

—Está bien, de acuerdo. Puedes quedarte —dijo, volviendo a mirar la pantalla de su computadora.

—Está bien, jefa —dijo Amber, haciendo un saludo de broma.

—Espera un momento, ¿qué te pago a cambio? —preguntó Raina d...

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