122

Se mordió el labio, pero no pudo resistirse a sonreír. Sus ojos se fueron a los brazos de él, a unos centímetros de los suyos, a los músculos, a las venas. Él se acercó a ella, y las yemas de sus dedos le rozaron la mejilla. Estaba tan cerca que, por un momento, ella estuvo casi segura de que iba a ...

Inicia sesión y continúa leyendo