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—No voy a ir esta noche, Derek —dijo ella, con la voz firme pero baja.

No dio más explicaciones, porque no quería mentirle.

El silencio que siguió fue absoluto. No era solo una pausa; era un vacío. Derek se quedó inmóvil en medio de la cocina, apretando el teléfono hasta que los nudillos se le pus...

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