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Arremetió una y otra y otra vez, luego llevó la mano hacia delante y encontró su clítoris con el dedo, dándole un golpecito suave, y sintió cómo a ella se le aflojaban un poco las rodillas.

—Este es tu castigo —le dijo, y ella gimió.

El castigo perfecto. Morir de placer. Volvió a gritar cuando él ...

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