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Derek observó en silencio cómo el hombre, quienquiera que demonios fuera, se inclinaba y le daba un beso en la mejilla a Olivia.

—Siento no haberte dicho que venía —dijo Jack con suavidad, poniendo el ramo en sus manos. Las rosas blancas parecían casi cegadoras bajo las luces del club—. Quería sorp...

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