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—Gracias, señor— dije después de pagarle mientras él asentía con la cabeza y se marchaba.

Me di la vuelta y miré mi querida casa, las pinturas de limón y crema estaban desvaneciéndose y noté que la calle estaba muy tranquila.

Caminé ansiosamente hacia mi hogar mientras subía los tres escalones que...

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