Un punto débil.

Nico abrió la puerta de la despensa como si estuviera asaltando una fortaleza. El aire era fresco y estaba cargado con el olor a harina, cebollas y papas apiladas en sacos de arpillera. Y allí, en el estante entre latas de tomates y una canasta de manzanas, estaba su preciado portátil, doblado cuida...

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