Mira, está feliz.

Me doy la vuelta lentamente, deliberadamente, dejando que vean la sonrisa que no llega a mis ojos. Miguel y Lucía se estremecen como si esa curva de mis labios fuera una cuchilla.

—Creo que me entendieron mal —digo suavemente, casi dulcemente—. No van a recibir ni un solo centavo.

Las palabras caen ...

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