Una razón para quedarse.

Desperté al sonido del silencio. No del tipo reconfortante, sino del tipo agudo. El tipo que te hace sentir que algo está mal. Mi cuerpo estaba pesado. No, no solo pesado, anclado. Mi hombro palpitaba con calor y presión, y cada músculo de mi espalda gritaba como si hubiera sido arrojada desde un ed...

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