Pongámonos ensangrentados.

Abrí la puerta de mi habitación, esperando encontrar silencio. Lo que encontré fue el suave sonido de movimiento y la inconfundible imagen de Sage, de pie frente a mi armario abierto, abotonándose un par de pantalones tácticos manchados de sangre como si fuera un martes cualquiera.

—Jesús —murmuré ...

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