No lo suficiente.

Las horas pasaban lentamente. Mi mundo permanecía oscuro, húmedo y sofocante bajo la capucha, cada respiración impregnada con el hedor de moho y óxido. Mis hombros dolían por estar inmovilizados, mis muñecas estaban en carne viva bajo las esposas. Entonces llegó el sonido que había estado esperando,...

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