Cuarenta y dos horas

Ari

—Sage.

Ella abre los ojos. Verdes en la oscuridad, incluso aquí abajo, y enfocados, a pesar de lo que su cuerpo ha pasado. No intenta incorporarse, lo cual me dice que aún está pensando, aún está midiendo cuánto puede permitirse que dé su cuerpo.

—No.

Dejo la bandeja en el suelo, junto ...

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