Capítulo 35

Pasaban de las nueve de la noche y yo todavía seguía dándole duro al trabajo… la verdad, ya casi todos se habían largado a sus casas, pero como yo sólo podía irme con ese tipo, no me quedaba de otra que seguir ahí metida.

El teléfono del escritorio soltó su típico pitido y enseguida se escuchó su v...

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