Capítulo 117

—Come todo lo que quieras, cariño. —Acaricié el pelo de Luis con los dedos y lo observé mientras desayunaba. El pobre niño comía como si no hubiera comido en días, y dadas las circunstancias, lo entendía perfectamente.

—Entonces, Bob... ¿qué dijo? —le pregunté. Me sentí culpable por presionarlo para...

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