Capítulo 37

Cristian entrelazó nuestras manos y me sostuvo para dirigirme hacia la enorme puerta frontal de la mansión.

—No puedes dejar que te vean nerviosa, te comerán viva —me susurró al oído. Un hombre en la puerta nos saludó con un gesto cortés y nos dio la bienvenida. —Es un gusto verlo, señor —le habló a...

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