Capítulo 28

Debería haber sabido que era mejor no colarme en la casa de la manada a esta hora, pero la compañía de Dante había valido la pena. Por primera vez en semanas, realmente me había reído, olvidando el peso que aplastaba mi pecho. Pasamos horas en el pueblo, bailando, jugando y riendo. Su humor gentil l...

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