Capítulo 34

—¡Noah!—rugí de nuevo, más fuerte esta vez, mi voz reverberando por la casa de la manada como un trueno. El silencio opresivo que siguió solo hizo que el eco de mi furia fuera más ensordecedor. Mis garras hormigueaban bajo mi piel, deseando desgarrar algo, cualquier cosa. Mi lobo, Linga, gruñía en l...

Inicia sesión y continúa leyendo