Capítulo 37

Seguí a mis compañeros convictos hacia el autobús de la prisión. Nuestras manos y pies estaban atados con esposas de metal. Apenas podíamos movernos adecuadamente con esas esposas, pero nos obligaban a ir a cualquier parte. Uno por uno entramos al autobús y nos mostraron violentamente dónde sentarno...

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