Capítulo setenta y dos

Gabriella

—¡Gabriel!

El grito salió de mi garganta antes de que me diera cuenta. Un segundo estaba de pie junto a su coche, lleno de orgullo obstinado y palabras afiladas, y al siguiente estaba en el suelo—la sangre brotando de su camisa como una flor carmesí.

Disparos.

Reales.

Dios mío.

Corrí....

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