Capítulo ochenta y cinco

Como si supiera exactamente hacia dónde se dirigía la historia, mi corazón comenzó a latir con un ritmo salvaje dentro de mi pecho. Coloqué una mano temblorosa sobre él, como si ese simple acto pudiera calmar la tormenta que surgía dentro de mí.

No quería preguntar si la niña había sido del Orfanat...

Inicia sesión y continúa leyendo