Capítulo ochenta y siete

Gabriel

Los gemidos de Arian me despertaron, y a pesar de estar completamente agotado por nuestra sesión de sexo anterior, forcé mis ojos a abrirse y me apoyé en los codos para mirarla. Estaba inquieta, su rostro contorsionado por el dolor como si estuviera atrapada en alguna cruel incomodidad, sin...

Inicia sesión y continúa leyendo