Capítulo cuarenta y cinco

Media hora después, Raina se movió, sus párpados se abrieron lentamente. Al principio su visión estaba borrosa, pero gradualmente se aclaró. Gimió, haciendo una mueca mientras un dolor agudo le atravesaba la cabeza.

—¿Qué... pasó? —murmuró Raina, con la voz ronca.

—¿Me lo preguntas a mí? —espetó M...

Inicia sesión y continúa leyendo