Capítulo dos

Me senté en mi coche, agarrando el volante con fuerza, con los ojos fijos en el juzgado frente a mí. El pánico comenzó a apoderarse de mí al pensar en salir, entrar y testificar contra un monstruo. Pero entonces, me recordé el mantra que había memorizado, un salvavidas para momentos como este. Lo su...

Inicia sesión y continúa leyendo