Capítulo ocho

Arian

Ella inclinó la cabeza, su expresión se suavizó.

—¿Quieres unirte? —preguntó, su tono era suave pero invitante.

Mis ojos se abrieron de par en par.

—¿Unirme?

—Sí —respondió con una sonrisa—. Eres bienvenido a unirte si quieres.

Miré mi atuendo, dándome cuenta de que no estaba vestido para...

Inicia sesión y continúa leyendo