Capítulo treinta y nueve

Mis cejas se fruncieron en confusión mientras acercaba la almohada bajo mi cabeza, solo para escuchar un gruñido bajo. La almohada se sentía extrañamente firme y cálida—demasiado cálida—su constante subir y bajar delatando un latido. Mi mente giraba en un medio sueño, preguntándome si estaba soñando...

Inicia sesión y continúa leyendo